El confinamiento nos ha llevado a una situación oportuna para muchos científicos que aprovechan este momento para realizar experimentos

Las secuelas provocadas en la población durante la Segunda Guerra Mundial permitieron a la ciencia aprender y entender mecanismos del desarrollo humano y su genética.

Se llevaron a cabo experimentos con las embarazadas hambrientas que apenas se podían alimentar, para estudiar el desarrollo y el estado de salud de los fetos.

Esta espeluznante experiencia permitió a los científicos poder aprender multitud de conocimiento sobre el cuerpo humano que, de otro modo, hubiera sido impensable.

Estos niños y sus descendientes ofrecieron durante décadas una valiosísima información. Es lo que se conoce como experimento natural.

Son esas experiencias marcadas por los sucesos acontecidos, que no podemos controlar (como los que causa la propia naturaleza), que afectan a un núcleo de población, permitiendo así aprender las consecuencias.

En Pekín sucedió algo similar, pero al contrario, cuando el gobierno decidió disminuir drásticamente los niveles de contaminación para no afectar a los Juegos Olímpicos de 2008.

Durante este proceso ‘sin humos’ se estudió a los bebés gestados, que nacieron mucho más sanos que los que habían nacido antes del procedimiento.

Lamentablemente, millones de personas estamos viviendo en nuestras propias carnes lo que se considera un experimento social supermasivo.

Esto ha impulsado el trabajo de miles de expertos en sus distintos campos científicos, que están realizando sus estudios.

 

 

 

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Puede que está situación cambie nuestras vidas para siempre… Las consecuencias económicas, psicológicas, políticas y de consumo, la docencia y las relaciones sociales probablemente se verán marcadas durante años.

Aunque esto contribuirá a que se trabaje en mejorar muchos aspectos de nuestro sistema establecido. Entre ellos, y posiblemente el más importante: el espectro político.

 “Mucha más gente de la que pensábamos está cumpliendo las medidas de distanciamiento”, afirma Margarita Gómez, investigadora de la Universidad de Oxford, que está analizando una encuesta realizada en multitud de países.

“Tenemos que entender cómo se está comportando la gente, es algo que no ha pasado nunca, por lo que genera una gran incertidumbre y demanda de información”, asegura Gómez, directora del People in Government Lab de Oxford.

“Hay una alta aprobación por parte de los ciudadanos de las políticas públicas más exigentes respecto al distanciamiento social. Lo vemos en todos los países”, añade.

La Salud Mental Social en peligro

La salud mental de la población se resiente cuando piensa que sus gobernantes están siendo poco efectivos.

No obstante, están analizando las características particulares de cada país: “No hay recetas generales. En México no pueden hacer igual que en Dinamarca, con 30 o 40 millones de personas que viven al día”.

“Hay una alta aprobación por parte de los ciudadanos de las políticas públicas más exigentes respecto al distanciamiento social. Lo vemos en todos los países”.

Se ha podido observar en otro estudio realizado que, los que menos cumplen las normas de confinamiento en todo el mundo son, sobre todo, hombres con una media de 30 a 40 años. “Quizá influye que son los que tienen que salir a trabajar a buscar sustento”, apunta.

Otro patrón que se ha estudiado en la Universidad Autonómica de Madrid muestra que las mujeres españolas son más responsables con respecto a las medidas establecidas.

Por ejemplo, en Italia se llegó a la conclusión de que los hombres jóvenes que tenían trabajo fijo, no estaban de acuerdo con cumplir el aislamiento social.

En Francia, las personas con ideas más extremistas se añadían entre los “incumplidores” de las recomendaciones establecidas.

“Dado que es más difícil cambiar el comportamiento de hombres jóvenes, pensamos que es algo que se debe tener en cuenta en los mensajes dirigidos a la población”, explica Gómez.

En un trabajo realizado por Alfredo Rodríguez de La Complutense de Madrid, observaron que los índices de estrés y ansiedad y depresión en la población eran mucho más altos durante la primera semana de cuarentena en España.

Durante el experimento sociológico pudieron comprobar que las personas se iban adaptando a la situación hasta que la prórroga por el estado de alarma disparó de nuevo los índices de síntomas de ansiedad y depresión.

“Hay una enorme preocupación por la situación laboral, la incertidumbre sobre el futuro, que genera malestar y problemas para dormir”, asegura Rodríguez.

“Las personas con jardín tienen significativamente menos niveles de ansiedad y depresión. Este hecho seguramente esté relacionado con la posibilidad de pasear al aire libre y estar expuesto al sol y vitamina D”.

Los niños ante un futuro incierto

También el hecho de que la mayoría de familias que dispusieran de un jardín, probablemente también gozaran de una situación económica más estable.

“Hicimos el estudio también para lanzar un mensaje normalizador en cuanto al malestar emocional: que la gente se sienta mal es lo natural, es lo razonable. Hay quien se siente culpable por sentirse mal”.

A Rodríguez también le inquieta sustancialmente la salud mental de los menores, que son un experimento natural dentro del experimento natural.

Cuando esta situación finalice, se podrá comparar su evolución con la del resto de niños europeos a los que sí se permitió salir a la calle.

Múltiples trabajos realizados en varios países han observado un patrón entre quienes tienen menores a su cargo: madres y padres no se sienten capacitados para estar al cien por cien en el trabajo y en el cuidado de sus hijos.

Entre irlandeses, tener que dar clase a los menores, era una de las situaciones más arduas emocionalmente, y un gran porcentaje de británicos creen que no están siendo capaces de cumplir ni como empleados ni como progenitores.

“Es casi imposible concentrarnos en nuestros trabajos anteriores porque parecen irrelevantes; queremos ayudar a contribuir a entender esta situación”, afirma Libertad González, de la Universitat Pompeu Fabra, que ha reconducido sus estudios sobre la economía laboral y el género hacia la carga de las tareas familiares y domésticas en tiempos de confinamiento.

“Estudiamos si va a recaer sobre las madres, si se ha reforzado o se ha compensado en este periodo. También queremos ver cómo influyen las políticas familiares previas, como la baja de paternidad, en los padres que ya se estaban encargando más de los hijos: si ahora siguen siendo más igualitarios o si se ha revertido”.

La Universidad de Texas ha visto que hay quienes pasan más de siete horas diarias sumidas en temas relacionados con la situación, un factor que está relacionado directamente con síntomas depresivos y el consumo de alcohol.

Los expertos aseguran que es importante que las personas tomen consciencia sobre lo acontecido y que aprovechen parte del tiempo de aislamiento en ‘conectar’ con uno mismo.

La meditación es fundamental para una salud mental estable y ahora es el momento perfecto para ser conscientes de nosotros mismos y de nuestro entorno.

El cambio provocado en todo el planeta por el virus durará un tiempo todavía hoy desconocido. Lo que sí es seguro es que esta experiencia cambiará el mundo tal y como lo conocemos para siempre.

Vía: El país

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