Los sismólogos han apreciado mejoras en los métodos de detección de terremotos o fenómenos sísmicos a raíz del frenazo global por las cuarentenas

La expansión de la pandemia por COVID-19 está obligando a millones de personas de todo el mundo a confinarse en sus hogares.

A su vez, el “gran parón” está destruyendo la economía a nivel global. Según declaró ayer viernes 4 de abril la portavoz del FMI, “nos enfrentamos a una crisis económica pero que la del 2006”.

Esto ha dejado ciudades enteras desiertas y un notorio declive del tráfico y de la actividad industrial.

Aunque no todo son malas noticias ya que, gracias al parón industrial y comercial, los niveles de CO2 han descendido drásticamente, dando una tregua a nuestro planeta.

Así pues, la calidad del aire ha mejorado esencialmente, pero esto no es lo único que se ha transformado tras la pausa parcial de la diligencia humana en el planeta.

También se han modificado notoriamente los ruidos sísmicos, según ha informado un equipo belga de investigadores que estudian los movimientos de la corteza terrestre.

 

 

 

Encuentran una abeja mitad hembra y mitad macho (VÍDEO)

El ‘homo erectus’ es más antiguo de lo que se pensaba (VÍDEO)

 

 

 

Esto podría permitir a los detectores de terremotos monitorear de manera sublime las erupciones volcánicas para así anticiparse a posibles desastres naturales relacionados con los movimientos sísmicos.

Las cuarentenas globales causaron que la contaminación acústica producida por los humanos cayera en aproximadamente un tercio.

“El zumbido de las vibraciones de la corteza de la Tierra ha caído en picado, una reducción que solo puede notarse durante un período muy breve en Navidad”, asegura Thomas Lecocq, sismólogo del Observatorio Real de Bélgica, a la revista ‘Nature’.

Las vibraciones producidas por el tráfico terrestre de vehículos y trenes, así como la maquinaria industrial, ha influido en esta bajada de la actividad sísmica de la corteza terreste.

“Aunque las fuentes individuales de ruido pueden parecer pequeñas, juntas producen un característico ruido de fondo que reduce la capacidad de los expertos para detectar señales sísmicas que ocurren en la misma frecuencia”, ha explicado Lecocq.

“Los datos del sismómetro en el observatorio muestran que las medidas de confinamiento para frenar la expansión de la Covid-19 en Bruselas causaron que el ruido producido por los humanos cayera en aproximadamente un tercio”, añadió el experto.

El planeta está ‘respirando’

En Bruselas, capital de Europa, esas medidas pasaron por cerrar colegios y universidades, restaurantes y otros lugares públicos desde el 14 de marzo.

La caída de esta acción humana ha suplementario la sensibilidad del equipo del observatorio, optimando su capacidad para divisar ondas sísmicas en el mismo rango de alta frecuencia que el ruido artificial.

“El sismómetro del que disponemos en la superficie de nuestras instalaciones es ahora casi tan sensible a pequeños terremotos y explosiones de canteras como un detector homólogo que tenemos enterrado en un pozo de 100 metros”, añade el investigador.

“Si el bloqueo de la actividad del transporte prosigue en los próximos meses, detectores sísmicos de todo el mundo podrían mejorar su eficacia para conocer las ubicaciones exactas de las réplicas de los terremotos”, asegura Andy Frassetto, un experto de las Instituciones de Investigación Incorporadas para la Sismología en Washington DC, a la revista científica.

“Obtendrán una señal con menos ruido en la parte superior, lo que les permitirá extraer un poco más de información sobre este tipo de eventos”.

Una caída del ruido inducido por el hombre aumenta la sensibilidad de los detectores a estas ondas naturales emitidas en frecuencias similares.

Las vibraciones de la Tierra

Normalmente, los sismólogos usan las vibraciones de fondo naturales para inquirir y examinar los movimientos de la corteza, como por ejemplo las de las olas oceánicas.

Debido a que la actividad volcánica y los cambios en las capas freáticas afectan a la rapidez con la que viajan estas ondas naturales, los científicos pueden estudiar este tipo de eventos al monitorear cuánto tarda una ola en llegar a un sitio determinado.

Así pues, una caída del ruido inducido por el hombre aumenta la sensibilidad de los detectores a estas ondas naturales emitidos en frecuencias similares. “Existe una gran posibilidad de que pueda conducir a mejores mediciones”, sentencia Lecocq.

No solo en la capital de Europa han percibido este descenso del ruido a causa del aislamiento global.

Celeste Labedz, una estudiante graduada en Geofísica en Instituto de Tecnología de California, en Pasadena, publicó un tuit hace unos días en el que reportaba que una estación sísmica de Los Ángeles había detectado también una caída en picado del ruido de fondo.

“El descenso es realmente salvaje”, apuntó. La mayoría de estas estaciones repartidas por toda la corteza terrestre están ubicadas en áreas remotas para huir de este ‘ruido humano’, o bien albergadas en pozos profundos para obtener la más precisa medición de las vibraciones.

En este caso, “deberían notar una disminución menor del sonido en las frecuencias, o ningún cambio en absoluto”, señala Emily Wolin, geóloga del Servicio Geológico de Estados Unidos, localizado en Alburqueque, Nuevo México.

Estos artículos le encantarán:

Las cataratas de Iguazú se quedan sin agua (VÍDEO)

Descubren rastros de una antigua selva tropical en la Antártida (VÍDEO)

 

 

 


Síguenos en Redes Sociales

Facebook     Instagram     YouTube     Twitter