Un nuevo estudio sobre el misterioso planeta Urano ha mostrado como su atmósfera está “burbujeando” escapando así al espacio exterior

Urano, un planeta frío y solitario situado tan lejos del Sol que le toma 84 años completar una órbita, ha estado entre los planetas más misteriosos de nuestro sistema solar.

Ubicado a más de 3 mil millones de kilómetros de la Tierra, el planeta está tan lejos que los astrónomos ni siquiera sabían cuántas lunas tenía hasta mediados de los años 80.

Los científicos que revisan datos antiguos recopilados por la sonda espacial Voyager 2 de la NASA han descubierto nueva información sobre Urano, descubriendo que el gigante de hielo helado de un planeta tiene un entorno magnético único y está filtrando su atmósfera al espacio.

 

 

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El Voyager 2 realizó un sobrevuelo cercano de Urano en enero de 1986, llegando a una distancia de 81.500 km de su atmósfera nublada, proporcionando a los astrónomos una gran cantidad de nuevos datos sobre el planeta y sus alrededores.

Además de enviar por radio miles de imágenes, la sonda descubrió que el planeta tenía 11 lunas adicionales, además de las 16 ya conocidas, y reveló la presencia de dos nuevos anillos nunca antes vistos.

La sonda también reveló que el campo magnético protector de Urano era inusual, ya que, en lugar de originarse en el centro geomagnético del planeta, se desplaza hacia el polo rotacional sur hasta un tercio del radio del planeta.

Esto resulta en una magnetosfera extremadamente asimétrica. Se cree que esto deja a una parte del planeta vulnerable a los dañinos rayos solares.

Ahora, el Dr. Gina DiBraccio y el Dr. Daniel J. Gershman, un par de investigadores del Centro de Vuelo Espacial Goddard de la NASA en Greenbelt, Maryland, han descubierto un nuevo y emocionante dato de información entre los datos recopilados en 1986 que nunca se informó sobre antes.

Estos nuevos datos pueden cambiar la comprensión de los astrofísicos de Urano para siempre.

Un gran descubrimiento

En un artículo en la revista Geophysical Research Letters, los científicos explican que habían descubierto que, durante su sobrevuelo de 34 años, el Voyager 2 había pasado a través de un enorme plasmoide magnético.

Éste tenía una amplitud de 204.000 km de largo, 400.000 km de ancho, una burbuja masiva de gas electrificado que puede haber estado arrastrando fragmentos de la atmósfera de Urano al espacio.

Esto, postulan los científicos, puede ayudar a explicar cómo el planeta helado ha estado perdiendo su atmósfera.

Urano ya es un bicho raro, según la NASA, ya que gira “casi perfectamente de costado, como un cerdo asado, completando un barril una vez cada 17 horas.

Su eje de campo magnético apunta a 60 grados de distancia de ese eje de giro, así que a medida que el planeta gira, su magnetosfera, el espacio tallado por su campo magnético, se tambalea como un balón de fútbol mal lanzado”.

Los científicos dicen que pueden haber revelado la primera actividad plasmoide confirmada en el planeta, así como su impacto.

DiBraccio y Gershman descubrieron que la Voyager 2 pasó a través del plasmoide magnético después de descargar los datos del magnetómetro de la sonda, encontrándolo como un pequeño error de 60 segundos en las 45 horas de datos de sobrevuelo de Urano de la sonda.

Los investigadores creen que la forma cilíndrica del plasmoide significa que probablemente se formó cuando fragmentos de la atmósfera de Urano llegaron al espacio, con este proceso teorizado para explicar cómo el planeta perdió entre el 15 y el 55 por ciento de su masa atmosférica.

El próximo paso, espera la NASA, será enviar más sondas al gigante de hielo para recopilar datos adicionales.

Vía: Sputnik News

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