La Cumbre del Clima se alargará hasta mañana sábado 14 con el fin de cerrar al menos una de las propuestas de la cumbre, ya que ha sido todo un fracaso

Tras dos semanas, la Cumbre del Clima de Madrid cerrará mañana sus puertas sin acuerdos políticos relevantes para frenar el aumento de la temperatura global.

La convención de Madrid ha demostrado un nuevo tipo de activismo, con la joven Greta Thunberg como gran referente, y los políticos más sensibilizados destacan también el interés de compañías por sufragar la lucha contra el cambio climático.

Aunque estamos acostumbrados –desgraciadamente- al fracaso de las cumbres anteriores, es cierto que en esta edición se habían albergado grandes esperanzas.

En 2015 se firmó el Acuerdo de París para contener la temperatura global en 1,5ºC o al menos por debajo de 2ºC con respecto a 1990.

La COP25 era la antesala para la cita del año que viene en Glasgow, donde se esperaba que se reunieran los compromisos que cada gobierno está dispuesto a hacer para alcanzar el objetivo.

Pero todo apunta a que la cita de Madrid se cerrará sin algo parecido, incluso puede que sin un llamamiento a 2020.

Por lo visto ayer jueves 12 de diciembre, durante la cumbre, algunas delegaciones estuvieron presionando para retrasar estos objetivos tres años, es decir, para 2023.

La COP25 ha reunido a países que se ven en el desarrollo de la lucha contra el cambio climático junto con aquellos que niegan el calentamiento global, como Estados Unidos.

Tensiones territoriales

Ayer hablaba la ministra española de Transición Ecológica, Teresa Ribera, de tensiones entre países que quieren “retrasar” los pasos se acordaron en París y los que, como España, “quieren ir más deprisa”.

Horas antes de la clausura de la Cumbre del Clima aún continúan abiertos temas clave. Entre ellos, la cuestión de crear un mercado mundial de carbono para comerciar derechos de emisiones de CO2.

Ayer tampoco había acuerdo para crear un mecanismo internacional sobre pérdidas y daños por el cambio climático.

En este punto se incidía en ayudar aquellas naciones que están siendo repetidamente dañadas por las consecuencias del clima de manera que no tienen capacidad para recuperarse.

Además, los países con reservas de combustibles fósiles –de la OPEP, pero también Ecuador o México– insisten en pedir medidas para transformar sus economías, ahora que el petróleo y el carbón se extinguen.

Por su parte, los países no industrializados piden que antes de fijar compromisos en 2020 exigen que los países que están industrializados sean transparentes con lo que han hecho hasta ahora para frenar el aumento de la temperatura, entre otras cosas.

Neo activismo

Tampoco se alcanzó un acuerdo que preste atención a las exigencias de los ciudadanos concienciados con el cambio climático en los distintos países.

España da mucha importancia a estas voces. “Tenemos que ser capaces de capturar esa ambición que se produce fuera”, afirmó Ribera, no solo en alusión a los ciudadanos, sino a “grandes inversores y grandes corporaciones” que frente a lo que ocurría en el paso ahora sí quieren “asociarse a la acción por el clima”.

Mientras tanto, miles de personas se concentran en las puertas de IFEMA para reprochar a los gobiernos que están participando en la cumbre que no estén aprovechando esta oportunidad.

También se quejan de que la empresa más contaminante de España haya sido precisamente la mayor patrocinadora de la cumbre.

Y es que, esta oportunidad puede que sea la más importante hasta ahora, ya que el tiempo juega en nuestra contra. Como dicen las personas conscientes: “NO HAY PLANETA B”.

 

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