Los neurocientíficos pueden haber cruzado una línea ética al crear mini cerebros a partir de tejido humano que pueden tener sentimientos reales

Los llamados organoides son gotas de tejido cultivado en laboratorio a partir de células madre humanas para parecerse a pequeños órganos, en este caso, el cerebro.

Aunque estos mini cerebros solo pueden ser del tamaño de un cacahuate, se ha observado que desarrollan ondas cerebrales espontáneas, no muy diferentes de las que se observan en los bebés prematuros.

Los organoides se consideran un desarrollo significativo en la neurociencia, ya que permiten a los investigadores estudiar el tejido cerebral sin las limitaciones habituales.

Estas pruebas se utilizan para investigar trastornos como el autismo y la esquizofrenia, y el impacto del virus Zika en el desarrollo de cerebros en el útero.

También pueden ser útiles en la investigación de Alzheimer, Parkinson, hipoxia prematura y afecciones oculares como la degeneración macular.

Sin embargo, la línea entre la investigación sobre organoides y la experimentación humana no está clara y queda por establecerse.

Elan Ohayon, director del Green Neuroscience Laboratory en San Diego, California, y sus colegas Ann Lam y Paul Tsang sostienen que es necesario realizar controles para evitar que los organoides sufran dolor.

“Si incluso existe la posibilidad de que el organoide sea sensible, podríamos estar cruzando una línea”, dijo el Dr. Ohayon al The Guardian.

“No queremos que las personas investiguen donde existe la posibilidad de que algo sufra. Ya estamos viendo actividad en organoides que recuerda a la actividad biológica en animales en desarrollo.”

Por ejemplo, en 2017, investigadores de Harvard demostraron que los organoides cerebrales pueden desarrollar una amplia variedad de tejidos, incluidas las neuronas de la corteza cerebral a las células de la retina.

Además, el equipo descubrió que los organoides cultivados durante ocho meses desarrollaron sus propias redes neuronales, que no solo estaban activas, sino que también eran capaces de reaccionar cuando la luz brillaba sobre ellas.

Otro estudio, realizado por el genetista Fred Gage y científicos del Instituto Salk de San Diego, trasplantaron organoides del cerebro humano en ratones, descubriendo que podían conectarse al suministro de sangre del animal y formar nuevas conexiones.

“Creo que nunca es demasiado pronto para plantear cuestiones sobre la ética en la ciencia, de modo que un diálogo reflexivo pueda guiar la investigación científica y las decisiones”, explicó el profesor Gage.

El Dr. Ohayon está intentando que se paralicen estudios similares que pretenden colocar organoides del cerebro humano en animales, junto con cualquier investigación que conlleve un riesgo razonable de que los organoides desarrollen sensibilidad.

Se necesita investigación para determinar el punto en el que es probable que surja la sensibilidad, por lo que el Dr. Ohayon ha desarrollado modelos de ordenador que pueden ayudar a hacer esto.

Dejando aparte las teorías conspirativas, lo cierto es que los científicos están cruzando todas las líneas éticas habidas y por haber.

A parte de los mini cerebros humanos, que abre la puerta a la clonación humana, hemos visto como en este 2019 han revivido el cerebro de un cerdo muerto e inyectado genes cerebrales humanos en monos.

La comunidad científica está demostrando que su único deseo es convertirse en Dios, y que la humanidad le importa más bien poco.

 

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Vía: Ufo-Spain Magazine

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