Sus costas advierten las tierras más bajas del planeta y sus aguas son 10 veces más saladas que el agua de mar. Pero un reciente estudio demuestra que los rumores de la muerte del Mar Muerto son bastante desmedidos

El ‘Mar de la Muerte’, rodeado por Israel, Jordania y Cisjordania, no es un mar al uso, sino un lago híper salino sin litoral y es el área acuática más profunda del planeta Tierra. Su salinidad del 34´2% constituye uno de los ecosistemas más extremos del planeta, según un nuevo estudio realizado por científicos suizos y franceses.

Pero que sea un lugar hostil no ha impedido a la vida poder desarrollarse aquí. En lo profundo de la superficie de la Tierra, existe una densa biosfera de vida subterránea. Esta biosfera está poblada por algunas de las criaturas más antiguas del planeta.

Y en las profundidades del Mar Muerto, también se dan estas condiciones. Muy por debajo de sus aguas salobre y sus costas incrustadas, el lago más híper salino y más recóndito del mundo alberga formas de vida que se han adecuado de manera única para sobrevivir aquí.

En este hábitat, la luz y el oxígeno no son necesarias para la vida. De hecho, las formas de vida que sobreviven aquí no tienen nada que ver con otros sistemas orgánicos vivos del planeta.

Pero el contexto sub-superficial del Mar Muerto es aún menos tolerante que de costumbre, debido a la química extrema y salada del lago que se encuentra sobre él. Aquí, incluso las bacterias luchan para hacer frente a estas duras condiciones.

Aunque una especie diferente de vida microbiana, las arqueas halófilas (amantes de la sal), se desempeñan un poco mejor y proliferan en abundancia dentro de este mundo extraño.

“Esto se debe principalmente a la reducida permeabilidad de la membrana de las arqueas, que requiere menos energía de mantenimiento con respecto a las membranas bacterianas”, explicó el geo microbiólogo Camille Thomas de la Universidad de Ginebra.

“Esta ventaja es particularmente sorprendente en entornos caracterizados por un alto estrés osmótico como los entornos hipersalinos”.

Para investigar las misteriosas estrategias metabólicas empleadas por estos microbios de biosfera profunda, que en general se entienden poco, y mucho menos en el subsuelo salino.

Thomas y su equipo perforaron fósiles moleculares conservados hasta 243 metros de profundidad en los sedimentos salados, en las profundidades del mar muerto. Buscaban marcadores biológicos formados por lípidos para entender cómo puede haber vivido esta especie bacteriana más de un millón de años.

“La buena conservación de los lípidos en estos horizontes extremos da pistas sobre las vías metabólicas que permiten la supervivencia de una biosfera profunda hasta ahora no reconocida”, explican los autores.

El análisis del equipo mostró en los lípidos evidencias de ésteres de cera, una molécula de almacenamiento de energía que puede ser producida por bacterias en momentos de estrés. Concluyen que estas trazas de lípidos se produjeron a partir del reciclaje de subunidades de lípidos derivadas de las paredes celulares de las arqueas.

En otras palabras, los marcadores biológicos parecen ser el resultado de la necrofagia: la eliminación de bacterias en la biomasa de cadáveres (también conocida como necromasa) de las arqueas muertas.

Además de proporcionar energía en forma de carbono oxidado, la eliminación de los cadáveres que se acumulan en este caldo, ha generado paralelamente otro recurso vital.

“La disponibilidad de agua es un problema importante, no solo en ambientes secos, sino también en entornos salinos debido a las altas concentraciones de sal que inducen estrés osmótico”, señala el equipo.

“Al recombinar los restos hidrolizados de los lípidos del núcleo que se originan a partir de la necromasa enterrada, la población bacteriana puede haber creado moléculas de agua accesibles que favorecieron su supervivencia”.

No obstante, estas afirmaciones son hipotéticas tras concluir la investigación. Pero el equipo cree firmemente que estos mecanismos se proponen en lugares hostiles donde se desarrolla la vida. De hecho, es la única forma posible de que estas formas de vida se puedan alimentar.

En medio de la vida, estamos en la Muerte“, nos dice una vieja oración. En lo profundo del Mar Muerto, parece sucede totalmente al revés.

 

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