Jo Cameron tiene un “superpoder” poco corriente. Afirma no sentir ningún dolor físico ni psicológico, además de no haber sentido miedo nunca.

A sus 60 años unos científicos han determinado que Cameron sufre una mutación genética. Si bien la idea de una vida sin dolor puede parecer atractiva al principio, el dolor es realmente muy útil para la vida.

De lo contrario, no sabes cuándo tienes el calor que produce una quemadura o el dolor de un esguince o fractura de tobillo. Cameron, una mujer escocesa de 71 años de edad, fue consciente de su inusual alteración genética hace cinco años tras una intervención quirúrgica en una de sus manos.

Cuando los médicos que la trataron se dieron cuenta de que era inmune al evidente dolor que produce un postoperatorio, decidieron remitir a un especialista.

“Mirando hacia atrás, me doy cuenta de que no había necesitado analgésicos, pero si no los necesitas, no preguntas por qué no”, dijo Cameron. “Siempre he sido un alma feliz sin ser consciente de que había algo diferente en mí”, añadió.

Una vez, cuenta que se quemó el brazo con un brasero y no fue consciente hasta que empezó a oler a carne quemada. Aún después de ver las quemaduras que le había ocasionado el incidente, no fue capaz de sentir ningún dolor.

El análisis de ADN reveló dos mutaciones genéticas importantes: una desaparición del gen FAAH, que regularmente descompone la anandamida. Ésta es una sustancia química que produce el cuerpo humano similar a la que produce el cannabis cuando es consumido. Al no descomponer los genes, libera la sensación de dolor y angustia.

Esa mutación es muy común en la población general, la segunda alteración genética de Cameron es totalmente inusual. Alguna información sobre su ADN en un gen que los investigadores denominan FAAH-OUT ha desaparecido, lo que significa que está inactivo.

Esta inusual combinación genética causó a Cameron un nivel superior de anandamida en sus células. La causalidad de esta mutación es la reducción casi total de la sensación de dolor y ansiedad, además del aumento de dopamina, que es la que nos hace sentir felicidad.

Esas facultades distinguen a Cameron del resto de seres humanos. Sus heridas sanan de manera simbólicamente rápida, y no siente emociones como la preocupación o el miedo.

Si bien el dolor sirve de “sistema de alarma” para mantenernos a salvo, cuando se sufre dolor crónico, los efectos pueden ser insoportables. Ahora esperan que Jo Cameron (y otros como ella) puedan dilucidar sobre cómo tratar el dolor en el futuro.

Eso podría ser ayudar a las personas que sufren de dolor crónico o mejorar los tiempos de recuperación de quienes han pasado por la cirugía. Si bien las investigaciones anteriores han analizado la reducción de la producción de FAAH, el gen FAAH-OUT ofrece una nueva vía para explorar.

 

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Fuente: British Journal of Anesthesia

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