Informes científicos han sugerido que los tóxicos y sustancias químicas que actualmente se aplican en los alimentos y en muchos componentes que utilizamos en nuestro ámbito doméstico, están mermando la fertilidad masculina tanto de hombres como de cánidos en todo el mundo

En las últimas ocho décadas la calidad del esperma del hombre medio ha descendido un 50%, lo que reduce su capacidad reproductiva considerablemente, pero nadie ha podido averiguar la causa que lo provoca. Pero preocupan bastante los datos, ya que nos enfrentamos a un problema muy serio que requiere de estudios y de financiación.

Los perros, por otra parte, también han sido puestos bajo el foco científico. En el año 2016, científicos de la Universidad de Nottingham fueron pioneros en determinar que el esperma de los machos que pertenecían al ámbito doméstico – y por lo tanto estaban controlados por un veterinario – había descendido drásticamente en las últimas décadas.

El estudio calificaba a ciertos químicos de ser culpables de que la calidad del esperma de estos perros hubiera decrecido. Estos agentes tóxicos se encontraban en productos de alimentación y derivados, como champús y otros productos que se utilizan para el cuidado personal de nuestras mascotas.

Entonces los científicos relativizaron sobre la causalidad que podría haber entre ambos eventos. Pudiera ser que la calidad del semen del hombre hubiera descendido por la misma razón que había descendido en los perros macho. Y no iban mal encaminados.

La investigación sugiere que este podría ser el caso. Específicamente, el equipo identificó dos productos químicos fabricados por el hombre, que se encuentran habitualmente en hogares y en productos de alimentación y que tuvieron los mismos efectos adversos tanto en el esperma humano como en el del perro.

“Este nuevo estudio apoya nuestra teoría de que el perro doméstico es un reflejo del declive reproductivo del hombre humano”, dijo Richard Lea, biólogo reproductivo de la Universidad de Nottingham.

Utilizando muestras de esperma de 11 hombres y 9 perros en la misma región, los científicos probaron los efectos de dos químicos fabricados por el hombre. Uno fue el plastificante común DEHP, que se encuentra comúnmente en alfombras, pisos, ropa y juguetes, y que puede colarse en nuestra comida y bebida.

El otro es el bifenilo policlorado 153 (PB153), que pertenece a un grupo de productos químicos industriales encontrados como contaminantes orgánicos, explotados a gran escala en los años sesenta y setenta.

Utilizando las muestras de semen y de estos dos productos químicos en niveles de concentración que se encuentran comúnmente en nuestros ambientes actuales, los investigadores llevaron a cabo experimentos idénticos para los hombres y los perros. En ambos sujetos y con ambos productos químicos, el efecto de motilidad del esperma se redujo y aumentó la fragmentación del ADN.

Si bien los tamaños de muestra en este estudio fueron bajos, sí se basan en los resultados coincidentes encontrados en el estudio de 2016 sobre perros, así como en estudios de laboratorio anteriores y otros que han demostrado que estos químicos están asociados con efectos adversos en la fertilidad humana.

“Sabemos que cuando la motilidad de los espermatozoides humanos es pobre, la fragmentación del ADN aumenta y que la infertilidad masculina humana está relacionada con el aumento de los niveles de daño del ADN en los espermatozoides”, dice Rebecca Sumner, bióloga del desarrollo en la Universidad de Nottingham.

“Creemos que esto es lo mismo en los perros domésticos porque viven en el mismo entorno doméstico y están expuestos a los mismos contaminantes domésticos”, recalcó.

Por mucho que no quisiéramos involucrar a nuestros perros en nuestro desorden, hay un lado positivo para los humanos. El estudio sugiere que tal vez podamos usar perros para descubrir cómo la contaminación disminuye la fertilidad, y esto podría ser útil por dos razones.

En primer lugar, porque los estudios en perros sobre fertilidad vienen sin el estigma y las complicaciones sociales de los estudios en humanos, y en segundo lugar, porque las influencias externas como las dietas son más fáciles de controlar en los perros.

Fuente: Science Alert

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