España y el mundo entero están con el corazón en un puño desde que el pasado domingo 13 de enero de 2019, en torno a las 2 de la tarde, un pequeño de dos años se precipitara por un pozo de unos 25 cm de diámetro y con una profundidad de 107 metros. El suceso tuvo lugar en Totalán, Málaga.

Es un pozo de prospección para captación y aprovechamiento de aguas, muy común en campos y terrenos agrarios porque se utilizan para buscar agua bajo la superficie. Pero el pozo no estaba sellado en condiciones. Y esto fue lo que provocó que el pequeño Julen, que se encontraba jugando por las inmediaciones del pozo, se precipitase y cayera en su interior sin que el angustiado padre pudiera hacer nada para evitarlo.

Rápidamente, el padre del menor llamó a los servicios de policía y bomberos que, inmediatamente, se personaron en el lugar. Cuando los servicios de emergencias recibieron la alerta de que un pequeño había caído dentro de un pozo, no fueron informados de las dimensiones de éste.  Y lo que no esperaban encontrar allí era un pozo de tan sólo 25 cm de diámetro.

Esto hizo presagiar a los cuerpos de salvamento la gravedad del asunto que, sin dudarlo, dieron parte a los medios de comunicación para difundir la noticia a nivel nacional y así, poder facilitar el rescate llegando a empresas especializadas en prospección de pozos, minerías y demás.

En cuanto los técnicos de empresas privadas de toda España y parte del extranjero pisaron el terreno y se pusieron a trabajar, comenzaron los problemas. Paso tras paso, surgían nuevos problemas respecto a la calidad y composición del suelo y en cuanto al estudio de trazar túneles alternativos al pozo para rescatar al niño.

Pero no sabían a cuánta profundidad se encontraba el pequeño, y lo peor era que se había formado una capa de tierra y piedra sobre él a unos 73 m de profundidad que intentaron succionar con maquinaria especializada, pero sin resultados positivos.

Geólogos, ingenieros de caminos, cuerpos de salvamento, policías, bomberos, fontaneros, obreros, mineros, técnicos y demás profesionales, en total más de 300 personas, se trasladaron a Totalán para tratar de ayudar en las labores de rescate.

El plan: excavar dos túneles alrededor del pozo, uno a cada lado. Ambos túneles se perforarían en paralelo al pozo, pero a una profundidad de 25m, por lo que los operarios tenían que retirar una buena parte de la ladera para poder perforar a 25 m bajo el suelo.

Los intentos por construir un primer túnel paralelo que rescatara a la criatura fracasaron. El material del suelo no permitía llegar más allá de los 60 m aproximadamente. Se pensó en la posibilidad de usar explosivos, pero se descartó.

Así que, se optó por el segundo plan, el otro túnel en paralelo que se entubaría y aseguraría para la bajada en un ascensor diseñado para la operación, de dos mineros especializados que al llegar a fondo del túnel (60 m), excavarían a mano hacía la zona exacta donde se cree que se encuentra Julen.

Once días han pasado desde que Julen cayera al pozo y la familia se prepara para lo peor. Los operarios comenzaron a las seis de la madrugada de ayer con la entubación del túnel. Pero a media tarde se encontraron con un saliente en las profundidades del túnel que no permitía el paso de dicha tubería, que tiene las mismas proporciones que el túnel perforado. Así que tuvieron que rebajar la tubería en el tramo final de su estructura para poder entubar. Llevan dos días tratando de entubar el túnel, y cada minuto sigue restando esperanzas.

Según declaraciones ayer del coordinador del operativo, ‘entre el entubamiento y la posterior entrada de los ocho mineros desplazados a Totalán, que en turnos de parejas y en relevos de 40 min, descenderán hasta la base del túnel y excavarán 4 m a mano y de rodillas hacía donde se piensa que está el pequeño, aún llevarán un mínimo de 24 horas’. Así que se espera que a lo largo del día y la noche de hoy se pueda por fin rescatar a Julen.

Mientras tanto la desesperación de la familia crece y la incertidumbre cada vez es mayor en cuanto al estado del menor que lleva casi dos semanas en el interior del pozo. Una angustia para unos padres que ya perdieron a su primer hijo, con tan sólo 3 años de edad.

Toda nuestra energía está puesta en este niño que nos mantiene ‘pegados’ a la televisión y a los medios de comunicación con la esperanza de recibir buenas noticias.

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