Petra llevaba 1.200 años desaparecida cuando un joven suizo escuchó los rumores de unas ruinas extraordinarias en los alrededores de Wadi Musa. Llevaba un tiempo en Oriente, viviendo en el disfraz de un mercader indio. En realidad andaba detrás de las fuentes del río Níger, pero su olfato de explorador le decía que debía seguir la pista. En una época en la que demostrar curiosidad era considerado de infieles, se buscó un guía y una excusa convincente: el deseo de sacrificar una cabra sobre la tumba del profeta Aarón, hermano de Moisés. Y así es como el 22 de agosto de 1812, Jean Louis Burckhardt, alias Sheikh Ibrahim Ibn Asdallah, avanzó muerto de miedo por un desfiladero que parecía eterno y, de repente, apareció ante la ciudad tallada en la roca…

Dirigimos la mirada a la belleza y fascinación que producen las ruinas de la antigua capital de los nabateos, Petra situada en el desierto de Jordania. Vista infinidad de veces a través de documentales o en distintas películas, sus imágenes mantienen intacta la expectación del viajero, la certeza de sumergirse en ese laberinto de formaciones rocosas de un maravilloso color rosado y en esas increíbles formas que la componen, formas tan espléndidas como sus arquitecturas. Petra fue habitada desde la Edad de Hierro, su historia se prolonga hasta la época de las Cruzadas. Pero los creadores de esta ciudad excavada literalmente en la roca se debe a los nabateos, que la convirtieron en la capital del reino, la Nabatea.

Petra fue una próspera y viva ciudad, a pesar de estar escondida entre montañas. Lo era porque siete rutas caravaneras coincidían en ella, entre ellas las rutas de la seda y la de las especias, desde sus arenas las mercancías salían hacia ciudades tan dispares como Alejandría, Damasco, Jerusalén… Esas rutas conectaban a China, la India, y el sur de Arabia con Egipto, Siria, Grecia y Roma. Gracias a Plinio y otras fuentes sabemos que las imposiciones tributarias sobre los productos que se comercializaban eran bastante elevadas, se habla de entre un veinticinco o cincuenta por ciento. Estas fuertes imposiciones sobre las mercancías, además de los ricos productos que se demandaban como eran la seda, incienso, mirra, betún, especias…todo en grandes cantidades propiciaron la riqueza de Petra.

Hablar de la historia de Petra y poder establecer una cronología fiable es algo difícil, ya que carecemos de datos históricos propios de la ciudad. Casi todos los datos que se manejan sobre Petra beben de fuentes clásicas, como las de Plinio, Flavio Josefo, Diodoro Sículo o del griego Estrabón. Además de toda la información que se extrae de las excavaciones arqueológicas del sitio. El primer rey nabateo fue Aretas I, se le menciona en la inscripción nabatea más antigua que se fecha en el 168 a.C.

A Petra la conocemos por sus bellas fachadas esculpidas en la piedra que pertenecen a las tumbas de diferentes reyes o personajes de importancia en la ciudad, esto nos hace olvidar que sus calles estaban llenas de gente y que no era una necrópolis, era una ciudad con edificios públicos y privados, como casas, palacios, templos, talleres, almacenes, obeliscos, altares para sacrificios. También tenía un teatro tallado en la roca, que parece sufrió una remodelación, como otros muchos edificios después de que la ciudad del desierto fuera incorporada al imperio romano. Contaba con una gran artería principal columnada y porticada a ambos lados. A una gran altura ya que domina el valle, se encuentra el monasterio Ad-Deir, para acceder a él hay que subir ochocientos escalones excavados en la roca. En el sitio también se puede ver un santuario del siglo XIII, que fue construido por el sultán mameluco An Nasir Mohammad. Petra siempre ha sido una ciudad misteriosa, esa situación la pudo mantener por su escenario geográfico en medio de un gran laberinto de cañones abiertos en la misma roca. Sabemos que reforzaron su seguridad ya que la arqueóloga Agnes Conway en 1929 descubrió una torre que lleva su nombre la torre Conway, además de varios lienzos aislados. Parece ser que la ciudad no fue amurallada hasta el siglo III.

Para poder entrar en la ciudad hay que recorrer el Siq, que es un estrecho cañón de aproximadamente un kilómetro de longitud, al final encontramos la fascinante fachada del Tesoro (Al-Khazneh), se cree que pueda ser la tumba del rey Aretas IV. Que aparece en películas como Indiana Jones y la última cruzada (1989) dirigida por Steven Spielberg, otras muchas películas se han rodado en Jordania en su fascinante desierto Wadi Rum, al que se conoce como el Valle de la Luna, situado al sur de Jordania.

Estas espectaculares fachadas de las tumbas, parecen reproducir las fachadas de los templos. Se ven en ellas influencias de otros pueblos como asirios, egipcios, persas, pero también y quizás más evidente helénicas y romanas. Recientes estudios aclaran que su mayor monumentalidad constructiva se corresponde con la época imperial romana hacia el siglo I a.C. Estos edificios no tienen muchas inscripciones que sirvan para identificarlas con los personajes que las ocuparon.

En 1993 la arqueóloga Martha Joukowsky descubrió en el Gran Templo, construido por los nabateos en el siglo I a.C., que en el siglo II se construyo un pequeño teatro en él, parece ser tuvo diversos usos a lo largo de la historia. La belleza de este Gran Templo queda constatada por sus magníficos capiteles, y los restos de policromía en sus paredes.

Una curiosidad en una ciudad en el desierto es el agua, se pueden ver restos de diques, canales que hacían llegar el agua a la ciudad. En Petra había fuentes y estanques, además de un ninfeo del que todavía se pueden ver algunos restos. También había letrinas y termas, lo cierto es que Petra sigue siendo un gran tesoro oculto, después de los tres grandes terremotos que asolaron la ciudad, bajo sus ruinas se encuentran las incógnitas sobre la capital de los nabateos.

Esta maravilla que es Petra, es Patrimonio Mundial de la Unesco desde el 6 de diciembre de 1985, además la zona que rodea el lugar es desde 1993 Parque Nacional Arqueológico. Y por si fuera poco desde el 7 de julio de 2007, forma parte de las nuevas siete maravillas del mundo moderno.

Isabel Genovés Estrada